Al escándalo lo llaman criptogate. Javier Milei difundió la criptomoneda $LIBRA, que subió a continuación como la espuma, para desplomarse poco después. Durante estos días, solo se ha hablado de esa moneda, y quedó en segundo plano otra, mucho más importante, con la que Milei puede tener problemas, quizá también mucho más importantes: el dólar.
El papel del presidente en $LIBRA puede ser en el peor de los casos una estafa y en el mejor un error, pero de todas maneras constituye una grave irresponsabilidad, que sus adversarios pretenden impulsar hasta el juicio político.
Un jefe de Estado no puede ni mencionar unos activos tan volátiles como las criptomonedas, aunque las secunde desde una perspectiva liberal –véase “César sin cesar”, Claves, Número 282, mayo/junio 2022, aquí: https://bit.ly/3zqCHqs. Sus explicaciones han sido insuficientes, y técnicamente equivocadas: la inversión en bitcoins, o en cualquier activo, nunca es “un casino”, porque la probabilidad de ganar/perder en los juegos de azar es conocida de antemano.
Poco antes del criptogate, Milei escribió en La Nación sobre la otra moneda: el dólar, y el “atraso cambiario”. Su argumento fue que no se puede comparar la actual fortaleza del peso con ocasiones anteriores: hoy no hay déficit, no se emite para financiarlo, caen la deuda y la inflación, baja el riesgo país y aumentan las reservas; entrará capital extranjero, y la balanza por cuenta corriente podrá ser negativa pero resultará inocua dado el equilibrio fiscal. El Gobierno, aseguró Milei, no va a devaluar.
Otros economistas, como Roberto Cachanosky, recordaron el último Índice Big Mac del Economist, en el que la Argentina figura como el segundo país con la moneda más sobrevaluada del mundo. Mientras los argentinos se lanzan, como en el pasado, a importar y a viajar, y el crecimiento se resiente, el Gobierno mantiene la intervención en el mercado de cambios, justo al contrario de lo que el presidente predicaba –véase El pensamiento de Milei, LID Editorial, 2024. El control de precios, en este caso como en todos, desajusta la oferta y la demanda, y por eso es necesario el llamado “cepo cambiario”.
Concluye Cachanosky que Milei “está usando el tipo de cambio como ancla para contener la inflación y llegar a las elecciones con una tasa baja. Nada distinto a lo que hicieron otros gobiernos: poner la economía al servicio de sus necesidades políticas, aunque eso implique cierre de empresas y desempleo”.
El economista Enrique Blasco Garma, que instó a no repetir errores manipulando el tipo de cambio, subrayó que la competitividad no depende solo del dólar sino de “la confianza en las instituciones”. Es precisamente eso lo que Milei puede haber socavado también con la otra moneda.
Al parecer ese libro sobre «El pensamiento de Milei» necesita una segunda edición ampliada y revisada. Como muchos temíamos, la formación de Milei deja mucho que desear y, a la hora del té, resulta que es más kirchnerista que libertario. Como también dice Cachanovsky, la solución al cepo no es devaluar ni más deuda, es acabar con el control de cambios. ¿Vale la pena dedicar un libro al pensamiento de Milei cuando comprobamos día a día que es humo?
Una pena que replique dichos de alguien tan poco creible como Cachanosky, actualmente claramente alineado con el poder empresarial argentino que pretende mantener sus privilegios resistiendo en un modelo en el que la ganancia de productividad de sus negocios se lograba mediante devaluaciones. Gente que en el mejor de los casos invertía utilizando créditos públicos a tasas muy inferiores a la inflación comprando tecnología china obsoleta en occidente pero viable con salarios devaluados y protecciones arancelarias.
Coincido con usted en lo referente al caso Crypto. Una irresponsabilidad.
No coincido con usted en eso. Creo que Milei sí ha estudiado economía. Y no me parece muy kirchnerista que digamos. Pero, en fin, en política a veces hay sorpresas.
Muchas gracias. A mí me parece creíble Cachanosky, y, precisamente, uno de sus argumentos contra la política cambiaria de Milei es que permite jugosos beneficios a algunas personas, y que puede terminar, como en otras ocasiones anteriores, en una devaluación.